Hay una parte de Neuquén donde las distancias parecen agrandar el paisaje. Donde las rutas avanzan entre volcanes, valles, ríos y montañas; donde todavía es posible encontrar pueblos pequeños, cielos infinitos y caminos en los que viajar es parte de la experiencia.
Es la Región del Alto Neuquén, un territorio que reúne algunos de los paisajes más singulares de la provincia y una identidad profundamente vinculada a la cordillera, la vida rural, la trashumancia, la cultura y las tradiciones de sus comunidades.
La región comprende localidades como Chos Malal, Andacollo, Huinganco, Las Ovejas, Los Miches, Varvarco-Invernada Vieja, Manzano Amargo, Tricao Malal, Taquimilán, El Huecú, El Cholar, Loncopué y Caviahue-Copahue, además de pequeñas comunidades y parajes que completan un territorio enorme y diverso.
Recorrerlo es descubrir que el norte de Neuquén tiene muchas formas de sorprender.
Chos Malal, historia y puerta de entrada al norte
La antigua capital del territorio neuquino es uno de los principales centros urbanos de la región y un excelente punto de partida para comenzar el recorrido.
Su historia todavía puede encontrarse en edificios y espacios patrimoniales, mientras que la Costanera del río Curi Leuvú invita a disfrutar del paisaje muy cerca de la ciudad.
En sus alrededores aparece uno de los grandes escenarios naturales del norte provincial: el Área Natural Protegida El Tromen, dominada por el volcán Tromen y la laguna del mismo nombre, un ambiente privilegiado para el trekking, el montañismo y la observación de aves.
Y antes de llegar a la ciudad, sobre la Ruta Nacional 40, otra parada marca el viaje: el Hito de la Mitad de la Ruta 40, uno de esos lugares donde una foto termina contando mucho más que una parada en el camino.
Andacollo, entre montañas e historias mineras
Siguiendo hacia el norte aparece Andacollo, una localidad cuya historia está profundamente ligada a la actividad minera y que funciona como punto estratégico para recorrer numerosos atractivos de la zona.
Conocida históricamente como la “Quimera del Oro”, conserva parte de esa identidad en su patrimonio y sus relatos. Desde aquí, el camino comienza a internarse cada vez más en la Cordillera del Viento y abre paso hacia algunos de los pueblos más encantadores de la región.
Huinganco, el jardín de Neuquén
A pocos kilómetros, el paisaje cambia.
El verde gana protagonismo y aparece Huinganco, conocido como el “Jardín de la Provincia”. La localidad combina bosques, senderos, arroyos y montañas con una historia estrechamente vinculada a la forestación.
Declarada Capital Provincial del Senderismo de Montaña, ofrece diferentes recorridos para caminar y descubrir el entorno. Entre sus imperdibles se encuentran el cerro Corona, la laguna Huinganco, el Mirador San Pedro, el Vivero Forestal, el Museo del Árbol y la Madera y el Monumento Natural Cañada Molina, donde se conservan antiguos ejemplares de ciprés de la cordillera.
Es uno de esos pueblos donde quedarse un poco más no cuesta demasiado.
Los Miches, naturaleza y tranquilidad
Más pequeño y rodeado por la inmensidad del paisaje, Los Miches representa otra de las caras del Alto Neuquén.
Aquí el viaje se vuelve tranquilo, rural y cercano a la naturaleza. Su entorno invita a disfrutar de los ríos, las montañas, la pesca deportiva y los caminos que atraviesan paisajes todavía poco intervenidos.
Es también uno de los puntos desde donde seguir descubriendo la cultura rural y la vida de las comunidades del norte, donde las distancias, los silencios y la hospitalidad forman parte de la experiencia.
Las Ovejas y uno de los balcones más increíbles del norte
La Ruta Provincial 43 continúa hacia Las Ovejas, rodeada de montañas y atravesada por ríos y vertientes.
Muy cerca se encuentra uno de los grandes miradores del Alto Neuquén: La Puntilla, desde donde la vista alcanza la Cordillera del Viento, la Cordillera de los Andes, el río Neuquén y, a lo lejos, el imponente Domuyo.
Desde Las Ovejas también se accede al Área Natural Protegida Lagunas de Epulauquen, uno de los paisajes más especiales de la región. Bosques de ñires, coihues y roble pellín, lagunas de montaña, senderos y cascadas conforman un ambiente completamente diferente a la estepa que domina buena parte del norte neuquino.
La Cascada La Chaquira y el sendero interpretativo Hayas del Sur completan una visita ideal para quienes buscan caminar y conectarse con la naturaleza.
Varvarco, la puerta al Domuyo
Más al norte, en la confluencia de los ríos Neuquén y Varvarco, aparece un pueblo rodeado por algunos de los paisajes geológicos más extraordinarios de la provincia.
Varvarco es naturaleza, cultura y tradición.
Muy cerca se encuentran Los Bolillos, un paisaje de conos, agujas y formaciones de origen volcánico modeladas durante miles de años por la erosión. Sus colores ocres y rojizos, el grupo conocido como Los Monjes y la inmensidad del entorno hacen que este sea uno de los lugares más fotogénicos del norte neuquino.
La zona también permite descubrir el sitio arqueológico Colomichicó, donde se conservan centenares de piedras con grabados prehispánicos.
Y después está el gran protagonista: el Domuyo.
El área protegida que rodea a la montaña suma manifestaciones geotermales, valles y escenarios de alta montaña. Aguas Calientes, Los Tachos y Las Olletas forman parte de un circuito en el que la actividad volcánica todavía se hace sentir bajo los pies.
Manzano Amargo, cascadas y el nacimiento de un gran río
Siguiendo camino hacia la cordillera se llega a Manzano Amargo, uno de los pueblos más alejados y sorprendentes del Alto Neuquén.
Su postal más conocida es la Cascada La Fragua, una caída de agua de aproximadamente 40 metros ubicada a pocos kilómetros de la localidad y rodeada por vegetación que anticipa el paisaje cordillerano.
Pero hay mucho más.
Los alrededores esconden bosques, senderos, formaciones geológicas y otros saltos de agua como Las Tapaderas. Hacia la zona de Pichi Neuquén y el Cajón de los Chenques comienza, además, una historia enorme: allí se encuentran las nacientes del río Neuquén, que después de recorrer cientos de kilómetros terminará encontrándose con el Limay para formar el río Negro.
Otros caminos del Alto Neuquén
La región continúa mucho más allá de los destinos tradicionales del corredor norte.
Localidades como Tricao Malal, Taquimilán, El Huecú y El Cholar, junto con pequeñas comunidades como Villa del Nahueve, Villa Curi Leuvú, Los Guañacos, Chorriaca y Coyuco Cochico, forman parte de este enorme territorio.
Son lugares donde las fiestas populares, la producción local, las costumbres campesinas, los arreos y la vida cotidiana permiten acercarse a una identidad que todavía conserva una relación muy estrecha con el paisaje.
Más hacia el sur de la región, Loncopué funciona como otra de las puertas de acceso a los paisajes cordilleranos y a la Ruta del Pehuén.
Caviahue-Copahue: volcanes, pehuenes, nieve y termas
El Alto Neuquén también guarda un paisaje completamente diferente.
Al pie del volcán Copahue aparecen Caviahue y Copahue, dos destinos rodeados por bosques de pehuenes, formaciones volcánicas, cascadas, lagunas y manifestaciones termales.
El Salto del Agrio, el lago Caviahue, las cascadas, la Laguna Escondida, el volcán Copahue y los senderos que atraviesan el Área Natural Protegida Copahue permiten recorrer un escenario donde el origen volcánico está presente prácticamente en cada rincón.
En invierno, Caviahue se transforma con la nieve y las actividades de montaña. En los meses más cálidos, Copahue suma una de las experiencias más particulares de la provincia: su complejo termal, alimentado por aguas, vapores, fangos y recursos mineromedicinales vinculados a la actividad volcánica.
Un territorio que también se descubre a través de su gente
Viajar por el Alto Neuquén no es solamente unir atractivos en un mapa.
Es encontrarse con la trashumancia, con los crianceros que cada temporada trasladan sus animales entre campos de invernada y veranada; escuchar cantoras populares; descubrir capillas rurales, fiestas campesinas y relatos transmitidos entre generaciones.
También es sentarse a una mesa y probar el chivito del norte neuquino, el ñaco, el mote, quesos artesanales, dulces regionales, conservas y truchas. Sabores que cuentan de dónde vienen incluso antes del primer bocado.
Porque acá la cultura no aparece separada del paisaje: forma parte de él.
El camino también es parte del viaje
Hay algo particular en recorrer esta región: muchas veces el próximo gran paisaje aparece antes de llegar a destino.
La Ruta Provincial 43, los caminos que acompañan los ríos Neuquén, Nahueve y Varvarco y los desvíos hacia pequeños pueblos, miradores y áreas naturales hacen que viajar por el Alto Neuquén sea una experiencia en sí misma.
En pocos días, el paisaje puede pasar de la estepa a los bosques, de los valles verdes a las formaciones volcánicas, de las cascadas a las aguas termales y de pequeños pueblos de montaña a algunos de los puntos más altos de toda la Patagonia.
El Alto Neuquén todavía conserva esa sensación de estar descubriendo algo.
Y quizás ahí esté su mayor atractivo: no se trata solamente de llegar, sino de animarse a seguir camino para descubrir qué hay un poco más allá.